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Una maldición gitana (Por Rafael Gallo)

Hace unos días se cumplió el trigésimo aniversario de “Amanece, que no es poco”, una de mis películas surrealistas favoritas. En un momento de la película uno de los personajes, un sudamericano intelectual termina de escribir una novela y se la deja a otro intelectual del pueblo para que le dé su opinión de la misma. Mientras la está leyendo un agricultor, que también quiere hacerse intelectual “porque he pensado que no tengo nada que perder…”, se acerca al sudamericano interesándose por la novela y pidiéndole permiso para poder leerla. Al final de la escena el intelectual sudamericano le dice que no… que seguramente la va a leer mal y se la va a estropear por leerla mal.

Yo, que no me considero intelectual, tampoco creo que tenga la capacidad destructiva de estropear novelas por leerlas mal. De hecho, creo que se me da mejor leer que escribir… bueno, creo que para casi todo el mundo es más fácil leer lo que han escrito otros, antes que crear un texto que pueda ser interesante para los demás. Aún así, y después de todas estas salvedades, me atrevo a acercarme a esta habitación para escribir sobre lo que han escrito otros y yo he leido, y por eso vengo a hablar de una maldición gitana que me hecho mi hermano mayor por mi último cumpleaños.

La maldición vino en forma de regalo. A simple vista ya se veía que era un libro por dos motivos. El primero por la forma y tamaño del regalo; y el segundo porque mi hermano no se molestó en envolverlo y me lo dio directamente de la bolsa de la librería en que lo había comprado.

Me lo dio y con una media sonrisa me dijo “Toma, este es tu regalo… pero más que un regalo es una putada…”. Al ver el libro pensé que a lo que se refería era a que mi hermano, que sabe que principalmente leo cuando voy al trabajo y vuelvo a casa en metro, me estaba invitando a llevar conmigo un ladrillo de casi 900 páginas conmigo.

“Pues si… Me vas a obligar a hacer brazos en el metro…” a lo que él repuso que “esa no es la putada… Lo malo de verdad es que ese libro engancha y es sólo el primero de siete libros del mismo porte…”

El libro en cuestión no es otro que “El primer hombre de Roma” escrito en 1990 por la escritora australiana Colleen McCoullough (1937 – 2015). He de reconocer que el volumen del libro me hecho para atrás en un primer momento. Llamadme vago pero desde siempre los libros demasiado largos me han dado pereza. Nunca me ha gustado dejar un libro a medias a pesar de que no me convenza mucho y enfrentarte a un libro de 900 páginas de romanos me producía tanta pereza como verte un maratón de Quo Vadis, Espartaco y Ben-Hur en la televisión el Viernes Santo.

El caso es que el libro estuvo dormitando unos meses en mi mesilla de noche esperando a que me sacudiera la pereza de empezarlo y decidiera llevarmelo de excursión diaria por la línea 3 del metro de Madrid. Finalmente, una mañana de otoño me llevé el pesado libro conmigo y lo cierto es que me enganchó desde casi la primera página.

La historia recoge la vida y la Historia de Roma de los últimos años del siglo II antes de Cristo y gira entre las ambiciones políticas de dos hombres muy distintos entre ellos pero que en el fondo se necesitan. Por un lado está Cayo Mario un adinerado senador proveniente de una familia de agricultores itálicos que ve truncadas sus aspiraciones políticas por no ser un aristócrata romano; y, por otro lado, está Lucio Cornelio Sila un patricio de vida disuelta y sin un sestercio en el bolsillo que decide dar un cambio a su vida y comenzar a tener un nombre en la vida política de la República que era entonces Roma.

Ambos consiguen darle un impulso a sus vidas al casarse con las dos hijas del senador Cayo Julio César, abuelo del que llegaría a ser Emperador de Roma. Cayo Mario logrará ser nombrado cónsul a pesar de sus continuos enfrentamientos con los Cecilios Metelos y todos los senadores conservadores de la época y, ayudado por Lucio Cornelio Sila, saldrá victorioso en las campañas bélicas de Numidia y de la Galia contra los bárbaros.

No quiero estropear el argumento del libro y tan sólo he expuesto hechos que aparecen en los libros Historia y en la Wikipedia. Más allá de que la novela trate unos hechos históricos con un hilo narrativo maravilloso, la ambientación de la misma, la descripción que se hace de Roma, de sus barrios, sus clases sociales, su Foro, su Palatino y su decadente Subura te hace sentir como si estuvieras viviendo aquella Roma de hace 2100 años.

Mención aparte merecen la caracterización de todos los personajes. La descripción de los mismos está basada en los bustos y esculturas de la época pero es que, además,  las personalidades que la escritora pone a cada uno de ellos permite describir los diferentes enfrentamientos políticos y dialécticos como si los vivieras en la actualidad. De hecho, resulta bastante sorprendente como un libro escrito por una australiana en 1990 sobre la política de Roma del año 110 antes de Cristo puede verse reflejada de una forma tan clara en la España política del siglo XXI.Eso sí, con ciertas salvedades, los romanos de la época no dudaban en utilizar el asesinato como una forma eficiente de hacer política y hasta eso en España aun no hemos llegado.

Los personajes femeninos no destacan especialmente, principalmente porque en la Roma de hace 2100 años el papel de la mujer era completamente secundario, no tenían derecho a tener siquiera un nombre adquiriendo el de la familia paterna como propio, el divorcio era una potestad del hombre en el que la mujer no tenía nada que decir y el pater familias podía disponer de la vida de las mujeres de su familia como si de una esclava se tratasen como le recuerda Cayo Julio César a su hija Julilla al principio del libro.

Sí merece la pena mencionar a Aurelia (madre del emperador Julio Cesar), con una personalidad que le permite tomar decisiones propias incluso enfrentándose al criterio de su padre y que le llevan a casarse con Cayo Julio y a ser propietaria de un bloque de viviendas del Subura y a administrarlo enfrentándose a extorsionadores  de barrio y gente de baja clase social con éxito y ganándose el respeto de todos en una sociedad donde la mujer no pintaba nada.

En fin… es un maldito libro de 900 páginas que no te permite que lo sueltes porque acabas enganchado al mismo. Es de esos libros que te pueden hacer pasarte de parada en el metro, de hecho me ha pasado más de una vez, por eso es recomendable leerlo en la línea 6 de metro de Madrid un día que no tengas prisa y no te importe darle varias vueltas a la línea circular.

Por cierto, “La corona de hierba”, segundo libro de la saga ya está en mi lista de libros a leer… Para continuar con la maldición gitana.

 Artículo escrito por Rafael Gallo de Llanos. Enero de 2019

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