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Oscar Mardaz o el verso suelto del filósofo

Tengo el corazón infestado de dudas

Son dudas existenciales como gotas que se deslizan sinuosas por la ducha, cuando el agua se condensa.

—¡No!, te lo repito. No son lágrimas, son dudas. ¡Y no!, insisto, no he picado cebolla.

Eso es lo que te digo cuando preguntas. No te cuento lo de la angustia.

La realidad es que es todo su culpa.

Es culpa de Mardaz. Mardaz el de la lengua viperina, el de los versos, el que quería escribir cualquier cosa menos noticias, el que quería respuestas pero no envasadas al vacío, sumergidas en ácido benzoico y con fecha de caducidad, o con un triste y lánguido código de barras. Es culpa de ese maldito,  Mardaz, el infame que aspira un pitillo con grandes caladas, mirada vacía y pelo revuelto, tras haberle arrancado a mordiscos la ropa y la inocencia a su pobre guitarra virgen, que yace mancillada a su lado.

Porque la pregunta es... ¿Quién es Mardaz? A decir verdad, realmente aún no sé quien es. Y no sé si es importante que tú  o que yo lleguemos a saberlo. Tal vez no sea posible conocerle. Tal vez no se pueda. Si acaso, vaticino que mentirá con alevosía a cada dato que logre robarle sobre sí mismo. Es posible y muy probable,  porque Mardaz es escritor.

Tal vez sea importante que NOSOTROS le conozcamos.

¿No sería una buena idea invitarle a una noche de copas? Sería forma de acercar posturas, de quitar máscaras, de ahondar en lo trascendental. Pero entre trago y trago, lo mismo le da por abrir a cuchilladas las preguntas de la existencia y con eso vuelve a azotarme la angustia. Me arriesgo demasiado a que acabemos brindando con cicuta, como hacían los filósofos, no los de ahora sino los de otro tiempo. No quiero llevarle la contraria, no vaya a atreverse a jurarme, que solo sabe que no sabe nada. Yo creo que sabe más de lo que dice y me da a mí que el tipo calla demasiado. En sus versos, siempre me golpea lo que oculta, el negativo de la foto, el dato escondido.

¿Y si me sincero y le confieso los secretos que me afligen? Dicen que uno debe abrir su alma a los desconocidos que no juzgan o que juzgan menos. No, no me arriesgo. Me aterra que me recete unas sesiones de vapores en lo alto de la Montaña Mágica, Mucho peor sería que prescribiera sobres de Jorge Bucay o frascos en monodosis de Paulo Coelho. Dicen que los lleva en el bolsillo de la chaqueta. Pero yo nunca le he visto con chaqueta. Me da miedo porque crean adicción. Y yo ya soy adicta a los poemas, a los morados del alma  y a las baladas rotas.

Mardaz es el culpable ...

Porque si te digo la verdad, creía que no eran tiempos de poetas, ni de filósofos, ni de ángeles ni demonios... Y si existen, entonces ¿qué hacemos pintando de grises nuestro mundo? Tal vez debería matarle con mis manos por hacer lo que hace y decir lo que dice. O como a Sócrates, con vino y cicuta.

Tal vez no. Quizás baste con aprenderme sus versos de memoria. Y exponerlos aquí para vosotros. Va por ti Óscar. Por Óscar Mardaz.

UN VISTAZO AL MUNDO DE LAS IDEAS DE MARDAZ

Conoce a Oscar en Instagram. También puedes ver aquí algunos de sus trabajos:

Del perfil de O. Mardaz:

Pasaba por aquí y me quedé hasta no sé cúando.
Escritos propios por mí mismo con la ayuda de O.Mardaz

De unahabitacionpropia:

«Bienvenido a mi casa. Entre libremente. Pase sin temor. ¡Y deje en ella un poco de la felicidad que trae consigo!» (Drácula)

Bienhallado Óscar, ponte cómodo y quédate todo el tiempo que desees (Yo misma)

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