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La escritura automática

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Este método, por llamarlo de alguna manera, propone coger un papel y un bolígrafo y empezar a escribir lo primero que surja dejando fluir nuestra conciencia. Se trata de intentar minimizar la tiranía de lo consciente de manera que escribamos desde nuestro yo esencial, desde el subconsciente, sin ambages ni cortapisas.  Incluso muchos de los adeptos que han practicado la escritura automática se inducían al trance con el uso de drogas, bebiendo absenta o alcohol. No es necesario, pero los surrealistas, como André Breton, en la primera mitad del XX, en plena eclosión de las vanguardias, eran grandes defensores de situar la mente en ese estado de flujo y dejar así que el artista se impusiera a la persona.

Destacamos a George Perec como otro de los grandes impulsores de la escritura automática y simbólica.

Las emociones

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En una escritura automática, las emociones acaban imponiéndose. Escribimos motivados por emociones primarias como la alegría, la tristeza, que aflora como una pérdida y que nos aisla del resto para intentar reconstruirnos (Virginia Woolf o Marguerite Duras), desde el miedo que nos amenaza y nos sitúa en la hipervigilancia y el desasosiego (Kafka, Pessoa), la culpa (Kafka de nuevo con la automortificación que vemos en sus diarios y correspondencia), y también desde la ira, a rabia o el enfado.

El lenguaje en la escritura

Es interesante también destacar como el lenguaje es el encargado de traducir las emociones en historias y lo hace con más o menos florituras. Nada tiene que ver la escritura de Virginia Woolf con la de Agotha Kristoff, por ejemplo, que usa un lenguaje austero y desnudo y que sin embargo, lejos de perder belleza logra, en efecto, un contraste perfecto que consigue que la dureza de la historia y la fealdad del mundo realista que nos enseña, conmuevan al lector de un modo inesperado:

La Suciedad

(…) Todo está sucio en la cocina. Las baldosas rojas, irregulares, se pegan a los pies, la mesa grande se pega a las manos y los codos. El hogar está completamente negro de grasa y las paredes a su alrededor también, a causa del hollín. Aunque la abuela lave los cacharros, los platos, las cucharas y los cuchillos nunca están realmente limpios y las cazuelas están cubiertas de una espesa costra de mugre. Los trapos son de color gris y huelen mal.

Como vemos no hay nada de bello ni en la escena ni en el ornamento lingüístico utilizado y, sin embargo, capta la esencia de algo grotesco, una escena de guerra, de hambre, de padecimiento, que se agudiza por el uso de un narrador limitado que es un niño o una niña y con el que empatizamos desde el principio.

El lenguaje es un arma letal. Se piensa, se dice, se escribe. Kant habla de la experiencia y del conocimiento, y ¿cómo se separa el conocimiento de lo que decimos? Ahora en programación neurolingüística se afirma que vemos el mundo tal y como nos lo contamos. Eso es sumamente interesante y revelador.

Mi experiencia con la escritura automática

Me apunté a un taller de escritura automática y lo hice no sé bien llevada por qué. Llegué a una clase de gente bien distinta, a la que con total seguridad jamás habría conocido si no nos hubiera llevado a esa mesa el fluir de la conciencia.

La profesora nos daba pautas, lanzaba preguntas, proponía ejercicios inspiradores para dejar vagar a la mente sin ataduras. “Lo que escriban aquí es secreto y quedará entre nosotros”, fue su promesa y la cumplió.

La premisa era no juzgar. En escritura automática no puedes tener miedo al juicio crítico. Es un embrión primitivo, es una fase creativa que no debe estar amenazada por las correcciones, las reglas o imposiciones en narrativa, o el ojo ajeno. Esa es una fórmula que no debe alterarse.

– Dinos quien eres pero hablando de ti en tercera persona y sin contarnos lo convencional. Busca algo distinto para que sepamos a quien tenemos delante.

Ella aletea las pestañas y sonríe dulcemente para que creas que jamás rompió un plato. Pero no te fíes. Su hijo de nueve años dice que le salen verrugas cuando regaña y su hija de cuatro afirma que la ha visto volar en su escoba, esa escoba con la que nunca intimó porque lo de ser ama de casa no se hizo para ella.

Ese fue el primer ejercicio. Luego hablamos de la pérdida, del perdón, la muerte y el amor. Salió mucho de cada cosa, aflorando desde la experiencia de cada asistente. Se habló de rechazo y de ser diferente en un mundo que premia ser iguales. Se habló de sentimientos.

La experiencia fue muy intensa. Tanto que algunos participantes no pudieron evitar llorar cada vez que nos enfrentamos al papel. Se creo una extraña conexión entre nosotros por la sinceridad de lo mostrado. Como si nos conocieramos intensamente a pesar de acabar de habernos encontrado.

Aprendí mucho de escribir, pero aprendí mucho sobre todo de mi misma. Creo que la escritura automática tiene muchos usos, pero quizá uno de los más interesantes es servir como terapia.

¿Te animas?

Propuesta: escribamos sobre la peor pesadilla que hayamos tenido de niño. Desde la emoción. Olores, imágenes, sonidos, emociones. El gusto, ¿cómo sabe el miedo? La claustrofobia. Todo eso.
10 líneas.
Mandámelo a macafedriani@unahabitacionpropia.blog y publicaremos los mejores en nuestra página en la sección de Invitados.

 

 

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