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La encantadora de números (Silvia deVito)

Ada leía apresuradamente temiendo que su madre la descubriera. Devoraba las paginas ávidamente, su mente prodigiosa le permitía comprender, retener, imaginar,  y estar pendiente de todo lo que pasaba a su alrededor al mismo tiempo. Debía ser muy cuidadosa, si ella llegara a encontrar su libro de poesías, tendría problemas.

El saberse hija de un hombre tan  misterioso le quitaba el sueño, a pesar del rencor hacia el que quería inculcarle su madre, no lo lograba. En realidad exacerbaba su interés. A tal punto que aun sintiéndose apenas una adolescente tenia bien claro que el día que muriera quería descansar a su lado.

Salió de su escondite ante el llamado, y se presentó dócilmente en la sala, era la hora de su lección de piano.

Música y matemáticas, su madre estaba obsesionada con apartarla de la poesía, no quería que heredara nada de su padre. Esto la mantenía en una permanente lucha entre lo racional y las emociones.

Sola en su cuarto se permitía disfrutar de un pensamiento libre y amplio que le demostraba que lo objetivo y lo subjetivo podían convivir.  Hacia solo unos meses que había comenzado su correspondencia con el Profesor Babbage, y las conversaciones que mantenían sobre lógica y matemáticas la tenían completamente entusiasmada. Sus explicaciones y razonamientos le abrieron un mundo nuevo, y con él podía desplegar todo su potencial analítico.

Sin siquiera imaginar que en el futuro seria reconocida como la primera persona en el mundo que describió un lenguaje de programación, al punto tal que una de las mayores potencias del mundo le pondría su nombre, Ada, a uno de sus lenguajes en su honor.

Y que sus restos terminarían tal como lo imagino junto al padre que nunca conoció.

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