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Escribir a partir de una fotografía

El pasado sábado escribí en el blog de Unahabitacionpropia un post sobre Hemingway. Lo hice como un ejercicio de creatividad consistente en escribir algo a partir de una fotografía. De todos los trucos para encontrar a las Musas es uno de los que a mí, particularmente, mejor me funcionan.

Voy a compartir con vosotros algunas de las ideas que sustentan la teoría (desde la perspectiva de la enseñanza de la escritura creativa) que pueden seros de utilidad conocer. La fuente de todo esto es el material de los talleres fuentetaja, donde como sabéis sigo formándome cada semana. Soy de la opinión de que la formación es una ruta que no termina nunca.

UTILIDADES DE TRABAJAR A PARTIR DE FOTOS:

  • Temas documentados en imágenes: los nazis, las guerras, contextos políticos
  • Una fisonomía que no tenemos clara: un personaje viejo que nos recuerda su vida, un personaje secundario al que no hemos logrado poner cara (mi profe lo dibuja, pero claro él no tiene manos de mantequilla como tengo yo)
  • Un recuerdo :eliges una foto de la infancia, de una escena que viviste y que quieres rescatar al presente, emularla para convertirla en ficción. Hemingway rescató los recuerdos del parto del nacimiento de su primer hijo para Adiós a las armas
  • Cuando no sabemos por donde empezar, puede ser un buen truco navegar por los bancos de imágenes de internet y buscar algo de inspiración.

DE LA FOTO A LA COMPOSICIÓN TEXTUAL 

La magia de las imágenes es que son la chispa a partir de la cual se desencadena un proceso creativo que nos permitirá elaborar una historia, tal vez desde lo más cotidiano, desde el detalle más tonto de la foto. En palabras de Henri Cartier-Bresson:

(…) en fotografía, lo más insignificante puede ser un gran tema, el más mínimo detalle humano puede convertirse en el leit-motiv. Nosotros vemos y hacemos ver el mundo que nos rodea en una especie de tes-timonio, y es el acontecimiento, por su propia naturaleza, el que provoca el ritmo orgánico de las formas.

Conclusión: de como miremos, de cómo observemos la foto, dependerá que se produzca o no la transformación del observador en escritor. Brutal, ¿no?

UN EJEMPLO DE JUAN MARSÉ… (de su libro Señoras y Señores)

JUAN PABLO II


La piel sonrosada, casi purpúrea, deja traslucir el fuego interior del anatema y la intolerancia y revela una secular vinculación sanguínea con los poderes terrenales y políticos. La inteligente mirada, el pelo canoso y distinguido, la boca respondona y la mandíbula incisiva y pulimentada de obrero metalúrgico, obviamente polaco y degustador de bistecs poco hechos.
Se trata de un señor muy listo que esgrime con mano firme una pausada anatomía. A ratos parece que vive entre nubes tontas de algodón, pero huele a pólvora de lejos. Miren estos ojitos taimados —el derecho sobre todo, perspicaz— y esta media sonrisa, miren esta faz rubicunda y la expresión alertada ligeramente hacia un lado: el aire sibilino del que está de vuelta.

Parece detectar algún incidente que aún no se ha producido a su alrededor y que no le preocupa. Las manos posesivas y flácidas de jugador de petanca sujetan al inocente animalito como si fuera la bolsa de Marcinkus, con delicadeza y fuerza al mismo tiempo. Sabe muy bien que la Iglesia debería limpiar su propia casa antes de aconsejar la limpieza en casa ajena, y sin embargo no sabe callarse y amenaza y anatemiza y condena. El señor pierde continuamente ocasiones de callarse. En las orejas encendidas se le nota que acaba de promulgar el documento emitido por el Vaticano sobre la bioética. Si usted se la menea y no es el marido, peca. Hagas lo que hagas, in vitro o in calzoncillos, estás condenado. Lo de este señor es condenar y condenar.
Con la sencillez papal que le caracteriza, y que tan popular ha hecho su blanca figura entre las tribus del África central, sostiene en brazos al curioso y paciente koala australiano, llamado graciosamente Simón. No parece el ilustre personaje —nos referimos al Papa— tener muchas ganas de protagonizar alguna simpática anécdota, que haría las delicias de los presentes, pero la buena voluntad se le advierte en el gesto. ¿Hará finalmente Su Santidad alguna de las suyas, para general regocijo y santa alegría? ¿Autoridad moral? Toda la que le otorga el animalito.

MARGARET THATCHER


Lo primero que llama la atención en esta señora es el airoso, laborioso y ampuloso peinado. He aquí un peinado que está muy por encima de la cara.
Peinado tan aparatoso, en un político, sólo puede tener una finalidad: distraer nuestra atención de los rasgos de la cara y de lo que se esconde tras ellos. Los rasgos, vistos en conjunto, son de una dulzura burguesa y británica aparente; contemplados uno por uno resultan más esquinados y plebeyos, con algún matiz o repliegue de auténtica peligrosidad. Salta a la vista que esta nariz apacible y regocijada,
levemente ganchuda y terca, mantiene firmemente sus convicciones por encima de lo que ella considera pestilencias sindicalistas o perfumes aperturistas soviéticos. Los ojos son casi bellos, grandes e inteligentes, chispeantes incluso, y traslucen una atención afable y una bondad de trato que implican un alto nivel de riesgo para el interlocutor incauto; el mentón parece débil, pero es firme, y la
boca cerrada y concienzudamente empastada de rojo carmín deja entrever una deferencia gentil hacia el contrario, una superior compasión, sonriendo apenas y como conteniéndose de decir cuatro verdades.
Conocida mundialmente como la dama de hierro, no hay en su pulcra imagen pública la menor traza de este noble metal (respecto a su imagen privada, nadie se atrevería a decir lo mismo). Muy al contrario, en su aspecto general y en sus maneras abunda el corcho y la caoba. Tiene, en efecto, algo de mueble prestigioso. La dama de caoba.
Su actitud, con la cabeza levemente ladeada, atenta y sorda a la vez, es la de una señora de buena crianza que escucha atentamente una petición de alguien del servicio doméstico sabiendo de antemano que la va a denegar; y no me refieroa lo de Gibraltar para España. Históricamente y militarmente hablando, Gibraltar no tiene nada que ver con el hierro, sino con la chatarra.

CONCLUSIONES

De los dos ejercicios descriptivos que hemos visto del gran Juan Marsé, cabe señalar algunas cuestiones que nos llaman la atención:

  • El autor empieza por lo físico y lo evidente para ir adentrándose en el texto
  • En algún punto, aprovecha un anclaje, como el pelo en Margaret o los ojos de Juan Pablo II, para adentrarse en las dimensiones psicológicas o públicas del personaje. En ambos casos nos habla de su trayectoria, de su biografía. Me encanta cuando dice que el Papa parece vivir entre algodón pero ha olido la pólvora y está de vuelta de todo. Creo que acierta con la imagen de un tipo que tiene cara de buena gente pero ha tenido una vida terriblemente dura y sacudida por los acontecimientos del siglo XX que todos conocemos.
  • Tambien aprovecha su licencia como narrador omnisciente para contarnos su propia opinión sobre el tema. La censura sobre la Iglesia y sus casos de pederastia o en el caso de la Dama de Hierro, el tema de Gibraltar, son acontecimientos de relevancia en los que el narrador no se muestra distante sino que vemos cómo opina.

Por lo tanto, el ejercicio no es meramente descriptivo sino que debe tener profundidad de análisis y alcance para poder tener entidad, en el caso de que queramos producir un texto. No obstante, para elaborar un personaje o construir y ambientar una escena puede ser un simple ejercicio de contar cómo es lo que vemos.

El juego es amplio y variado y una vez más, está en la mano del autor jugar sus cartas para ver qué consigue con ello. Te proponemos escribir a partir de esta fotografía y hacernos llegar tu texto (hasta 20 líneas) al blog mediante el correo macafedriani@unahabitacionpropia.blog. ¿Te atreves? Publicaremos los mejores…

ancient photo photo

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