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CALEIDOSCOPIO (S. De Vito)

                                   Túnel para descubrir el mundo con una

                                                     visión diversa y mágica.

Cuando su marido se fue de casa usando la tan trillada frase ‘No sos vos, soy yo’, (excusa cobarde para no decir de frente lo que le pasaba o quería), sintió que su mundo se derrumbaba nuevamente, su sangre eclosionó y estalló en un llanto convulsivo.

Me oculto tras las piernas de papá, solo tengo cinco años e intento protegerme, siento tanto miedo. No me gusta este lugar tan blanco, con olor a remedio donde todos hablan susurrando. Mamá me extiende la mano, pero no quiero tomarla. Sé que algo malo está por suceder. No sé cuánto tiempo pasó, pero con Juan mi hermano, descubrimos que jugando, riendo, fabricando autitos con broches de madera, de alguna forma sanamos el dolor,

Rodrigo acaba de besarme al salir del colegio, me toma de la mano y  sonríe, mis emociones son como un placard desordenado. El me gusta mucho, pero vuelvo a sentir miedo. ¿Esto es lo que realmente quiero? Me dejo llevar mientras el mundo gira y cambia constantemente a mi alrededor. Los años pasan.

Sin hijos, nada la ata ni retiene, firma los papeles y cierra definitivamente otra etapa de su vida. Sale, siente la libertad del alma, rescata los pasos.

Vuelve al mar, sus pies transparentes dejan la orilla, el agua la envuelve, y por un momento su mente esta con una luz que la sumerge a lo más profundo. Todo su ser se deja rastrear por un viento de recuerdos, emerge más sabia. Hacerse adulto significa acumular una herida tras otra, debe vendarlas curarlas y seguir.

Siento mi rostro resplandecer de felicidad al salir de la agencia de viajes. En mi bolso, el futuro, lo postergado. África con mayúsculas se abre ante mí. El calor de esta tierra se apodera de mis poros. Mis ojos están maravillados ante tanta naturaleza exultante.

Me roza la piel desnuda de una mujer que huye, mientras su amado intenta atraparla, es el amor que los impulsa, y al mismo tiempo es un juego de apareamiento ancestral, casi animal el que los envuelve. Un cumulo de emociones me entrecruzan, asombro, perplejidad, envidia. En mi viaje horizon me acarician un sinfín de finísimos hilos de seda, lo único vertical que percibo. Esta raza discriminada e incomprendida de guerreros flexibles como troncos de bambú negro, melodía ebria de pinturas y sijos, con sus rostros dibujados con marcas tribales danzando alrededor del fuego tiene tanto para enseñarme. Me entrego a su magia.

Ya es abril cuando bajo del avión, un cuaderno de hojas del otoño fue mi bitácora, fue presagio, preludio, profecía.

Para saber quién soy, a veces vuelvo.

Silvia DeVito – Foto propia

 

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